La doble consideración del agua como recurso escaso y factor geográfico, ha tenido históricamente un carácter determinante en la definición de fronteras y flujos migratorios. Elemento vital que ha marcado los asentamientos poblacionales desde los orígenes de la humanidad, la gestión de su escasez plantea en la actualidad líneas de separación intangibles, que generan nuevas brechas sociales en la era de la economía trasnacional.

En esta obra, la idea de frontera, desprovista de orden espacial, se materializa en un mapa orgánico que muta dejando huellas y cicatrices. La instalación, integrada por una serie de piezas de vidrio suspendidas del techo del lavadero público, plantea una reflexión sobre el agua y las migraciones. Una topografía caótica y fragmentada que interroga, en un juego de transparencias, sobre la permeabilidad de las fronteras y la articulación uni-direccional del poder sobre los territorios.