Mario G. Vélez y B. Geisselmann
 

Tras los atentados del 11S y el 11M, se puso en marcha un sistema de vigilancia muy intenso en las principales ciudades que temen o temían estar en peligro; controles en las carreteras, en los puentes, en los aeropuertos. Un arma o una herramienta de poder, dirigida a protegerme y a observarme.

Pessoa nos recuerda que la identidad es fundamentalmente un relato, una construcción transitoria, maleable y cambiante. Y es esta facilidad de convertirnos en el Otro, la que nos permite ponernos del otro lado, en un viaje creativo, negando al señalamiento de una individualidad estable.

La fijación de la identidad fue uno de los propósitos con mayores resultados del proyecto moderno. De eso nos da cuenta la historia. Frente a la masificación del sujeto en las multitudes de las urbes en expansión, el panoptismo decimonónico se empeñó en la tarea de apuntalar sus miradas en dispositivos cada vez más complejos para la observación de los sujetos. En este sentido es significativo que la invención de la fotografía se produjera en la plena instauración de la producción industrial, teniendo en cuenta, además, que lo realmente inventado con el daguerrotipo fue el proceso químico que permitió la fijación de la imagen; los demás componentes de lo fotográfico ya se conocían y se utilizaban desde mucho tiempo atrás. De este modo, el valor de una identificación clara, el señalamiento a los individuos como entidades compactas, evitó aparentemente las falsificaciones y los engaños de las identidades furtivas y, en consecuencia, peligrosas.

¿Quién, a menos que tenga intenciones ocultas quisiera velar su identidad? ¿Acaso sea posible (como pretendía Galton), fijar las fisonomías peligrosas e identificar positivamente los individuos potencialmente dañinos para la sociedad?

El video, la imagen de electrones, permitió llevar a niveles sumamente eficaces las cualidades iluminadoras de un ojo instrumentalizado que todo lo ve. No sólo nos otorga la certidumbre propia de los aparatos ópticos, sino que nos permite capturar –e irradiar- en tiempo real cualquier situación que se escenifique ante su pantalla. ¿Qué mejor definición podría plantearse para el portento de la videncia, tal como relataban los más antiguos mitos, sino a través de la (ahora cotidiana) tele-visión?

Pessoa nos advierte, que el artista, un sujeto incómodo en la definición de su rol, recurre a la movilidad de la personalidad, a la despersonalización, en un viaje creativo para inventar nuevos tipos de “fingir, fingir que comprendemos el mundo”.