Se plantea una reflexión sobre la transitoriedad y el cambio constante de los mercados, representado por este bien tan apreciado, generador de riqueza en diferentes momentos históricos. En la obra queda abierta la pregunta sobre el valor imputado a este recurso natural, utilizando diferentes modos de pago, que en realidad no son visibles directamente bajo la sal amontada sobre ellos.
La obra está directamente relacionada con el espacio del “Salzamt” y el uso para el que fueron concebidos estos edificios en la Edad Media, el control de la extracción de la sal y su comercio.
Las piezas del móvil están en equilibrio y en constante movimiento, haciendo visible la fragilidad de su simetría. Los actuales modos de pago utilizados en la obra, semiocultos a primera vista, en un juego con el espectador, reflejan también la mutación de estos modelos, en un momento en el que se está dejando de usar los sistemas de pago físicos para instalarnos en una era completamente digital. Este mundo digital y complejo esconde también una gran dependencia de la sal. En palabras de Ed Conway, la sal es una sustancia clave para mantener la forma de vida actual, necesaria en los procesos más básicos de la industria.